El IFT (Idisher Folks Teater —Teatro Popular Judío—) está adherido a ICUF desde 1941, año de la constitución de este último. El Teatro fue fundado en 1937, como consolidación en espacio de la escuela de arte Idramst (Idishe Dramatishe Studye —Estudio Dramático Judío—), la cual existía desde 1932. El IFT nació como un elenco teatral cooperativo, fue uno de los pilares del Teatro Independiente Argentino y es un símbolo de lucha. En 2012 fue declarado de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Como archivo y centro de documentación de referencia, nos comprometimos con la tarea de guardar, organizar y poner a disposición su acervo. El equipo del Archivo, en colaboración con las investigadoras Paula Ansaldo, Silvia Glocer y Claire Breger-Belsky, presenta los primeros inventarios disponibles. Sumate al trabajo colaborativo y colaborativo, y sé parte de la reconsutrucción patrimonial.

El Idisher Folks Teater (IFT) se crea en 1937 como Teatro Popular Judío con un doble objetivo: por un lado, poner en escena obras teatrales que respondieran a las necesidades de una audiencia popular; por el otro, elevar el nivel artístico del teatro judío en Argentina. El IFT pretendía así, en primer lugar, renovar las temáticas y los repertorios imperantes en los escenarios judíos, con el fin de presentar obras que brindaran un contenido social y, en este sentido, se posicionaba como un teatro político. En segundo lugar, proponía modernizar el teatro judío argentino mediante puestas en escena de alto valor artístico y, desde este punto de vista, era también un teatro de arte: un kunst teater. Los integrantes del IFT buscaban instruirentonces a los espectadores tanto en materia política como estética. En esta vocación pedagógica, los guiaba la convicción de que el pueblo asistía al teatro no solamente en busca de diversión, sino también con la intención de aprender. Seguían así la frase de I. L. Peretz –grabada luego en una de las paredes del edificio del IFT– que sostenía que el teatro era a shul far dervaksene, una “escuela para adultos”.

Broyt mit teater: Historia del teatro judío en Argentina, Paula Ansaldo.

El IFT nació en 1932 con el nombre de IDRAMST (Idishe Dramatishe Stude – Estudio Dramático Judío) con un doble objetivo: Por un lado, poner en escena obras teatrales que respondieran a las necesidades de una audiencia popular; por el otro, elevar el nivel del teatro judío en Buenos Aires. Sus impulsores buscaban renovar las temáticas y los repertorios imperantes en los escenarios judíos porteños con el fin de presentar obras con contenido social; y en este sentido el IFT era, y seguirá siendo, un teatro político. Al mismo tiempo, sus activistas pretendían modernizar el teatro judío de Buenos Aires mediante puestas en escena de alto valor artístico; y desde este punto de vista el IFT era, y seguirá siendo, un teatro de arte: un kunst teater.

Esta doble voluntad transformadora puede verse plasmada en el logo elegido para el IDRAMST, donde se muestra a un trabajador que, con martillo y cincel, está tallando una máscara teatral antigua. Esta imagen condensa perfectamente la idea fundante del IFT en sus primeros años: el deseo de crear un teatro nuevo, unido a la convicción de que, para hacerlo, era necesario trabajo y compromiso absoluto.

Los integrantes del futuro Teatro IFT aspiraban a crear una compañía que estuviese formada por actores judíos argentinos, que pudieran llevar adelante un teatro culto, literario, con calidad estética. Concebían al teatro como una herramienta para movilizar las conciencias de los espectadores, tal como lo proponía Romain Rolland. En este sentido, los guiaba la frase de I. L. Peretz (grabada luego en una de las paredes del edificio del IFT) que sostenía que el teatro era a shul far dervaksene, una “escuela para adultos”.

Creían que el nuevo teatro tenía que ser independiente, ante todo, de la taquilla, dado que el deseo de obtener ganancias con la actividad teatral limitaba la posibilidad de experimentar y tomar riesgos artísticos. En este sentido, tomaban un modelo de financiación que no provenía del ámbito teatral, sino de los clubes y organizaciones judías, de manera tal que las características específicas de la comunidad judeo-progresista en Argentina posibilitaron una manera particular de organización del teatro, que no tenía precedente alguno en el campo teatral judío. La institución se sostenía también gracias al trabajo de los integrantes del elenco artístico, quienes realizaban sus tareas de manera gratuita.

En 1937, el IDRAMST cambió su nombre a IFT, pasando de identificarse como un “estudio”, a denominarse ya “teatro” superando así la etapa formativa de la compañía y estableciéndose de manera sólida en el campo teatral de Buenos Aires.

El IFT buscó constituirse como un teatro colectivo, con lo que respondía a la ideología progresista de sus integrantes, quienes creían firmemente en el trabajo grupal y en la discusión en asamblea. De esta forma, tanto sus integrantes como sus socios participaban de las decisiones de la Institución, tenían derecho a voz y a voto en las asambleas, elegían a los representantes de la Comisión Directiva, y podían incluso dar su opinión en cuanto al repertorio teatral que ponía en escena el teatro.

Así, la organización societaria de la Institución da lugar a la categoría de iftler: para serlo, bastaba con creer en la idea y en los valores que daban sentido a la Institución y participar activamente en su sostenimiento desde cualquier rol posible o, simplemente, mediante el aporte de una cuota mensual.

En 1945, el IFT inicia una campaña para recaudar fondos para comprar un terreno y comenzar la construcción de un teatro. Para recaudar el dinero necesario, se crea una Comisión Especial Pro-Edificio Propio y se le da a la campaña un lugar privilegiado en las páginas de Nai Teater (Nuevo Teatro), la revista que desde 1935 editaba el IFT.

En 1946, la Institución compra un terreno en el barrio de Once, donde el 3 de noviembre se coloca la piedra fundamental. La construcción se inicia finalmente en 1947 y, para 1952, el edificio se encuentra terminado, sin dejar deudas pendientes.

Una vez inaugurado el edificio, la Institución va sumando nuevas actividades a lo largo de los años, delineando de esta forma un perfil de centro cultural integral. Así, en el edificio del IFT funcionaban: la Escuela de Formación Teatral, el Coro “I. L. Peretz”, una biblioteca, un cineclub, una escuela de ballet y, otra, de teatro para niños; una galería de arte, conciertos musicales, ciclos de conferencias, y hasta un club de ajedrez.

El IFT fue un teatro de innovación no solo en cuento al contenido, sino también en relación con las formas, a partir de las nuevas tendencias que se estaban desarrollando en Europa. Estas corrientes innovadoras llegaron al IFT ante el flujo transnacional de artistas y directores.

Se destacó David Licht, quien fue el director artístico de la compañía durante más de quince años, desde 1938 hasta 1953. Aportó innovaciones en cuanto a la poética de actuación del elenco y una nueva pedagogía en la formación de actores y actrices que, para esa época, aún no estaba difundida en la Argentina: el sistema de Stanislavsky. Por otro lado, bajo su guía, el elenco del IFT comenzó a montar obras de reconocimiento internacional en traducciones al ídish.

El 24 de noviembre de 1953, el diario Tribune denuncia con el título “La cultura en jaque”, la clausura sufrida por el Teatro IFT el 11 de noviembre. La clausura del Teatro IFT fue funcional para los sectores contrarios al ICUF en un doble sentido: por un lado, como una forma de presión para sacar al teatro de manos progresistas y, por el otro, como forma de alejar a los socios de la institución y atraerlos hacia el nuevo grupo teatral disidente del IFT, el Kunst Bine.

Debido a la falta de dinero, durante esos años no se publicó la revista Nai Teater, por lo que Tribune se convirtió en el órgano defensor. Durante los años de clausura, el elenco se mantuvo en funcionamiento realizando diversas giras por las provincias de San Juan, Mendoza y Chaco, y de esta manera pudieron continuar en actividad.

Con la Revolución Libertadora, el gobierno de facto permitió reabrir las puertas del teatro el 6 de octubre de 1955 como una estrategia más para fortalecer la imagen de que ellos eran quienes venían a reestablecer las libertades luego de un largo período de opresión.

Para la reinauguración del teatro, el elenco presentó la obra Las brujas de Salem, esta vez en el escenario propio. El primer estreno de la temporada 1956 fue Uriel Acosta, de Karl Gutzkow, dirigida por Carlos Gorostiza. Buscaban con estas puestas en escena establecer una conexión entre la obra y la realidad presente del IFT, y de todo el movimiento progresista.

El siguiente estreno fue la obra Homens Mapole/El triste fin de Amán, de Haim Sloves, en 1957. La elección de la obra tenía también un sentido político, ya que buscaba reafirmar el carácter judío del IFT frente a las acusaciones de asimilación que recibía de parte de sus detractores.

Fuente: Ansaldo, Paula, “El teatro IFT y la colectividad judeo-progresista: experiencias deun teatro societario”, en Visacovsky, N., La Tribuna icufista: Tiempo de Aportes, Editorial ICUF, 2021. Descargalo gratis haciendo CLICK ACÁ.

Inventario: Repertorio de obras presentadas en el Teatro IFT

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Inventario realizado por la Dra. Paula Ansaldo.

Inventario: guiones del teatro IFT disponibles en CeDoB (no exhaustivo)

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Inventario realizado por Claire Breger-Belsky traductora y estudiante de literatura ídish.

Inventario: programas de mano y afiches de obras en torno al IFT, en las que participó el músico Hermann Ludwig

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Autora: Silvia Glocer IAE-FFyL-UBA