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Ana Palala Grinberg:

Bueno, hola, a todos los que no saludé. La invitación, cuando la recibí para participar, decía: “¿Cómo fue convivir con Pepe, trascender su obra?” Voy a tratar de responder a ello. Primero les cuento que en febrero de 1953, al cumplir mis 6 años, el lerer Ratzker me felicitó delante de mis hermanos que estaban en el campamento de FIJIA, porque había aprendido a tomar la sopa.

En 1956, cuando Pepe, después de ser maestro y de compartir la Dirección, asume la Dirección permanente de la Colonia, yo tenía 9 años. Ese año sobre el final del cuarto turno, Pepe citó a los padres de la Colonia y les propuso que nos quedáramos al quinto turno, cuando la polio abatía en las ciudades, lo que fue recibido con mucha algarabía por los colonos, aunque era sin uso de la pileta.

En el 69, cuando Pepe se retira, yo tenía 22 años, y ya había sido líder, promoción 63, que acá hay algunos, ayudante, maestra e instructora de Educación Física. En lo personal, me aportó un marco conceptual para pensar la educación, la recreación y la educación física, enseñándome a dudar de muchas de las certezas traídas de la educación formal. De ese marco conceptual elijo solo algunas ideas a destacar:

La primera, la idea y el convencimiento de que un proyecto institucional por ambiciones de trascender debe abarcar el conjunto de sus actores; si no, no trasciende y, a partir de allí, y con un claro sentido de comunidad y de equipo, contemplar dinámicamente funciones, responsabilidades y límites. Hablar de Zumerland fue pensar en niños, jóvenes, padres, docentes, activistas, personal de cocina, caseros, el Zeide, médicos, como así también en las instituciones del ICUF. Lástima que Daniel no está, porque hubiera dicho: como cuando trabajé con Daniel y él me autorizó a lanzar un proyecto de campamentos escolares para las escuelas de CABA; tuve muy presente este criterio de enfoque institucional.

La segunda idea es que las propuestas educativas trascienden las paredes de las instituciones escolares. Que la recreación no es un grado inferior de la educación formal, sino que cuenta con herramientas didácticas propias en estrecha dependencia de una determinada propuesta pedagógica. Que nuestra Colonia tenía el desafío de superar el criterio de la época, que otorgaba a la Educación Física la centralidad de una propuesta de vacaciones. [Lo hizo con] la designación del instructor de Educación Física, la incorporación de especialistas en artes y la expresión creativa —ahí está Alicia Benitez, por ejemplo—, más la capacitación de los equipos docentes: protagonizaron la búsqueda de ese equilibrio respondiendo al proyecto de Colonia.

La tercera idea tenía que ver con la idea de proyección. Pensar en niños y jóvenes que podían pasar varias temporadas en la Colonia permitiría elaborar una propuesta con continuidad. En la revista Zumerland, que está ahí expuesta y que es esta, Colonia Infantil de Vacaciones, elaborada en 1961 y 1962, editada mitad en castellano, mitad en ídish, Pepe escribía: “La educación ha sido el instrumento por medio del cual las generaciones adultas han preparado a los miembros más jóvenes de la comunidad para su futura responsabilidad”. Los educandos, los niños, empezaron a llamarse colonos, y aparece el tema “aprender para enseñar”. Esta idea requería sistematizar la planificación y la evaluación. Las horas de minuciosas de planificaciones de los equipos docentes, muchas veces, duplicaban el momento de la propia actividad.

También recuerdo las prolongadas madrugadas en la Dirección, evaluando el día o el turno. Se hubieran podido escribir varios libros con los diálogos; fueron horas de mucho aprendizaje. Pepe propuso planificar basado en el método de centros de interés, y la comunidad, la convivencia y el conocimiento del medio fueron ejes.

De la idea de continuidad, surge un programa graduado: de lo cercano al contexto exterior, y de lo específico para cada edad, por ejemplo: a los 6 años el centro de interés era el niño y el ambiente; a los 7, el ambiente que me rodea; a los 8, descubrimiento de la Colonia y la vida en ella; a los 9, descubrimiento de los alrededores de la Colonia; a los 10, la vida de campo y la vida de ciudad; a los 11, historia del hombre; a los 12, dominio y transformación de la naturaleza por el hombre; para los 13, 14 y 15 el programa contenía: formación argentina, formación judía, formación cultural, formación física y formación pedagógica.

Así aparecieron como contenido las instalaciones y el personal que trabajaba en la Colonia, el gallinero, la fábrica de ladrillos y las plantaciones de los alrededores; el ferrocarril, Tomás Jofré, la vida del hombre de campo, la ciudad de Mercedes, con las aceiteras; Luján, el pueblo alrededor de la fábrica textil “La Emilia”, en San Nicolás; el puerto de Quequén y la exportación del grano; los viñedos mendocinos, las comunidades del sur argentino. También las tareas sociales como el Servicio Meteorológico, el cancionero, el boletín del fin de turno encontraban colonos de distintos grupos en una tarea común. Traje una copia que tal vez la dono, en ídish y en castellano, copiado en hectógrafo de gelatina.

Ahora bien, mientras esta construcción transcurría, durante varias temporadas flotaba un aire de jerarquización del mérito: el premio al mejor o la mejor compañera… aún tengo en mi biblioteca el libro Cómo el hombre se hizo gigante, que me lo entregaron a los 10 años; la elección y la entrega del primer pañuelo y el último en el Seminario; el premio al pabellón más ordenado, al shénkele [armarito] más prolijo <Doña higiene, dice alguien>. La llegada de Pepe para la inspección era un momento de tensión, cada uno parado al lado de su cama y en silencio. Tradiciones que se fueron perdieron; algunas, por suerte.

Recuerdo memorables discusiones con Pepe sobre el prohibir jugar al truco porque enseñaba a mentir para ganar. O sobre poder romper la tradición de la fiesta final del turno [que debía ser] siempre en el parque; una vez lo logramos, solo una vez, un año cuando fui instructora: hacer la fiesta fuera del parque y volver al parque a cantar la última canción pero, si no, había que volver al parque. Las discusiones sobre si el equipo blanco como condición para asistir a la fiesta, y el pantalón largo de los maestros y las maestras. O sobre la prohibición de las demostraciones de afecto entre las parejas de colonos; en fin, era otra época. Tal vez Makarenko sobrevolaba… <risas>

Yo elegí estas tres ideas: la idea proyecto, la idea del valor de la recreación y la idea de proyección y continuidad. Los aportes de Pepe trascienden por su propio y enorme valor. Se asentó en un antes logrado por los maestros de las escuelas del ICUF, y un después de tantos que buscaron, probaron, corrigieron y siguieron probando para dar coherencia con una concepción pedagógica de la recreación casi revolucionaria, particularmente, con la orientación de la directora Ana Berenstein, que se inició junto a Pepe y asumió la continuidad después de su retiro.

Tuve una niñez y una adolescencia soñadas en Zumerland, colonia que amé y que lo sigo haciendo. No falté un solo turno como colona. Como docente, no me faltó una función por cumplir, tanto en Zumerland como en el ICUF, junto a tantos maestros y compañeros de tarea de quienes valoro intensamente haber estado cerca. Espero que los documentos que contiene esta biblioteca, con los aportes que reflejan las valiosas ideas de Pepe, puedan colaborar en la formación de nuevas generaciones que sean abordadas con amplitud, sin prejuicios ni idealizacione. Gracias por la invitación al CeDoB, y un orgullo aparecer.

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