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José Zuberman:

Bueno, Borges decía que cuando uno estaba muy emocionado no tenía que hablar y bueno, yo estoy muy emocionado y acepté la invitación, así que voy a hablar. Tejada Gómez decía: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Bueno, aquí estamos, muy emocionados por todos los encuentros, por los abrazos, y por mis compañeros de mesa: Cipe fue mi lererque de Práctica de la Enseñanza en el mitl-shul del Zhitlovsky y me acompañó mucho; Palala, hemos compartido Zumerland un montón; bueno, Dani no está pero fue colono mío; cada vez que lo veo en el diario a él o a Alberto Kornblihtt, que eran del mismo grupo, me llega una fuerte emoción, la verdad. Y a vos <Gabriel Hojman>, que recién te conozco, mucho gusto <risas>. Les agradezco mucho la invitación y el estar acá.

Les cuento cómo llegué a Zumerland. Quizás hago un poco de historia porque, como dijo mi hermano, llegué a través del Zeide [Faierman], de nuestro zeide que, después, fue el zeide de todos. En el año 49 conocí al Zeide por primera vez, estaba preso en Devoto, porque era el proceso de los siete madereros —que fueron apresados el 7 de noviembre, cuando estaban haciendo un brindis por la revolución soviética en un bar, en una época en la que toda la clase media progresaba, se compraba su primera casa, se primer auto—. Fíjense que los activistas del ICUF pudieron comprar diez hectáreas, construir cuatro pabellones, el comedor ese tan hermoso, construir toda la Colonia, y hoy cuesta, según me cuentan, mucho impermeabilizar y pintar los pabellones: era una época distinta. Sin embargo, éramos muy antiperonistas por la falta de democracia, ¿cierto? que a la luz de lo que pasó luego era una pavada lo que pasaba <risas>.

Que quemen la Casa del Pueblo, o que los siete madereros estén presos 9 meses, en casa era una tragedia porque le querían aplicar [al Zeide] la Ley 4144, que no sé si la recuerdan, pero se acusaba a los anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas, comunistas de alterar el orden y [se los deportaba] a su país de origen. Bueno, por suerte, pasado esto, cuando Perón convoca en la plaza Once a la constituyente, declaran la libertad de todos los presos políticos; entonces el Zeide viene a vivir a casa, con nosotros.

Mi mamá era la hija menor, se sentía muy bien, y vienen los activistas del ICUF, viene Blutrach, Komorsky, Herzsage, alguien más que no me acuerdo, y le proponen ir a Zumerland, porque necesitaban una persona de confianza que hubiese militado en los arbeter-shuln, que hubiese seguido siempre toda la trayectoria del ICUF, y le proponen ir allá. Él primero dijo que no porque, si iba al medio del campo, no iba a militar más, y no podía dejar de hacer eso. Mi Bobe lo convención —era la única que lo convencía de todo— de que iba a ser muy bueno para él y para todos que él estuviese allá y que, a esta edad, eso de ir todos los viernes después de la reunión del sindicato a buscarlo a la Comisaría, ya prefería no hacerlo <risas>.

Así conozco Zumerland, y las primeras —como Cipe recién contó— directoras eran la Piudik, la lererque Ratzker, el lerer Ratzker, que eran los lerer del shule [escuela] y [Zumerland] eran unas vacaciones que eran continuidad del shule. Entonces, en los shmuesn [conversatorios], en los diálogos que se hacían después de la siesta, preferían que hablásemos en ídish, que discutiésemos en ídish para no perder el idioma: tres meses sin hablar ídish… imagínense <risas>.

Entonces, con eso se armaban distintas situaciones: la biblioteca funcionaba muy bien, pero había que hacer actividades recreativas para las cuales no estaban preparadas. Tenían la mejor buena voluntad, eran muy buena gente, pero no tenían… Me acuerdo de la Piudik di shofn gimnastike diciéndonos ein, tsvei, drai [uno, dos, tres] <risas>, era francamente ridículo, pero la pasábamos bien.

Esto fue un tiempo, hasta que llega Pepe. Cuando llega Pepe cambia radicalmente todo, porque no era ya la continuidad del shule: había una idea de lo que era el tiempo libre, lo que era la pedagogía del tiempo libre, y que era posible otra educación que no fuese la educación escolar; que había educación extraescolar, y que podía ser muy significativa, como fue para todos los que la atravesamos.

Esto cambiaba totalmente la idea, porque vacaciones no era hacer nada, era educar de otro modo que en la escuela, y eso, el compañerismo, todo lo que fueron citando hoy, nos fue formando, y había una valoración de nuestra edad, una valoración de nuestra palabra, de nuestras inquietudes; nos reuníamos con Pepe, le pedíamos esto, aquello, bueno, no es que nos concedía todo, pero escuchaba todo lo que le pedíamos y entraba en diálogo, por qué esto sí y aquello no. Eran momentos muy ricos de diálogo.

Y así fue como cuando llegamos al grupo de 12 años, al grupo Mayor, en una de esas conversaciones con Pepe, le dijimos que no nos queríamos ir, que queríamos seguir en la Colonia, y así fue como se armó el grupo Especial. Ahora, terminó el grupo Especial, y no nos queríamos ir; fue Primer Especial, Segundo Especial y, después, para los que queríamos continuar, el Seminario de Líderes, que lo hacíamos todos, los que querían ser líderes y los que no querían ser líderes.

Yo estudié en el secundario en la escuela normal. Mientras estudié Medicina, fui todo el tiempo maestro de grado y de Zumerland, e invité a mis compañeros de la escuela normal: realmente quedaban maravillados de ver todo eso y todo lo que significaba la educación extraescolar y, después, cuando se enteraron de que también había kinderclub los sábados y demás, bueno, les prendió la curiosidad y a mí me gustó juntar esos dos mundos.

Bueno, algunos fuimos con mucho gusto líderes, fuimos la primera camada de líderes con mis compañeros que están acá, los Bombones… —ah, la segunda, tenés razón, porque la primera no salió del Seminario— <intervención: nosotras fuimos la primera, íbamos al Peretz de Villa Lynch, íbamos con el Lerer a hacer el entrenamiento de líderes, no teníamos toda la formación teórico-pedagógica, pero sí todo el afecto y todo el cariño con el cual nos trataron para que perdiéramos el miedo de ejercer después una actividad con los niños>. Tenés razón, Fuimos los primeros líderes que hicimos el Seminario, pero ustedes fueron los primeros líderes, y eso de seguirse formando en la práctica, la discusión de cada parte diario, el discutir con otros el parte diario e informarlo era una formación valiosísima.

Yo no soy educador formal ni del tiempo libre, pero sigo enseñando toda la vida. Hay muchas de esas cosas que las tengo muy presentes, y las agradezco. Pepe nos llamó Bombones. Cuando terminamos el Seminario, ahí en el parque dijo: “Estos son nuestros Bombones”. Adoptamos el nombre y lo seguimos usando hasta en el chat con el que nos comunicamos hoy en día, y me alegra mucho que muchos de nuestros compañeros Bombones estén hoy presentes. Me gustaría que cuenten también alguna cosa que yo no haya podido decir. Muchas gracias por la invitación, a Julio, a Ani, muy contento de estar acá.

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